martes, 1 de diciembre de 2009

SIERRA

El valle del río Batuecas contiene una muestra importante de arte rupestre pictórico correspondiente a una etapa incierta del inicio de la Edad de los Metales.



La primera época es el paleolitico manifestada por las pinturas rupestres esquemáticas. Representan animales, plantas o instrumentos que utilizaba el hombre primitivo.



El Valle de las Batuecas se encuentra situado entre las provincias de Salamanca y Cáceres. La mayor parte del territorio pertenece al término municipal deLa Alberca, si bien la parte baja forma parte del municipio de Ladrillar. La alquería hurdana de Las Mestas está enclavada en la confluencia del río Batuecas y el río Ladrillar.





A los pies de la Peña de Francia, en pleno parque natural de Las Batuecas, sierra de Francia, un paseo por la villa de Monsagro permite al viajero recrear cómo fue este valle hace 430 millones de años. Las fachadas de las casas rivalizan en presencia de fósiles, "las piedras bonitas" que decían los mayores.





Resulta difícil de creer que este paisaje serrano de Monsagro fuera un día un lecho marino. Pero es verdad y precisamente en estas montañas existen pruebas muy sólidas de que así fue. Estas rocas durísimas, cuarcitas en su mayoría, fueron una vez arena y lodo del mar, y sobre ese fondo el oleaje y los animales primitivos dejaron sus huellas, llamadas icnitas o icnofósiles.




Por aquel entonces la vida sólo estaba dentro del mar, y la tierra se extendía por tres continentes grandes, dos en el hemisferio norte y uno en el sur. Los continentes permanecían desiertos, pero el mar ya era un paisaje lleno de seres vivos. Prueba de ello son estas huellas fósiles.






Entre todos estos animales, los trilobites eran especialmente abundantes. El nombre se debe a que sus cuerpos estaban divididos en tres partes o lóbulos, tanto en longitud como en anchura. Además, por estos fondos poco profundos se desplazaban antiguos cefalópodos, parecidos a los actuales pulpos y calamares, además de medusas, esponjas y otros seres vivos.





El paso de los trilobites quedó fosilizado como si se contemplara desde el plano inferior. Sus dos pares de patas dejaron estas huellas, formando dos cordones paralelos y habitualmente con varias pistas entrecruzadas, de ahí su nombre de crucianas. Es fácil de comprender: si viéramos las huellas desde arriba el rastro sería triple (trilobite, tres lóbulos o partes) pero no doble. Este rastro doble de las crucianas ha llevado a los científicos a llamarlas bilobites.






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